De cacería

Michael Rutzen, de Kleinbaai, Sudáfrica, utilizó una foca falsa de 1.80 m hecha de espuma y fibra de vidrio, que ató a su barco para atraer a los tiburones fuera del agua. Obviamente, utilizar un animalito vivo no hubiese sido ético.
El ya los había observado cazando focas de esa manera, y quiso imitar el proceso para poder capturar tomas extraordinarias.
El tiburón se encuentra en lo profundo cuando divisa su presa. Se levanta e inmoviliza al blanco por completo, sujetando a la foca entre sus mandíbulas y golpeándola violentamente contra la superficie.




Ciertamente debe ser un espectáculo impresionante.


Los humanos representamos el mayor peligro para ellos, ya que se los caza por sus mandíbulas, que se venden como trofeos en Sudáfrica por hasta 18.000 dólares.

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